prohibidoprohibir

Repasando el reglamento de régimen interno de algunos centros me pongo nervioso recuerdo el famoso grito de guerra del mayo del 68, prohibido prohibir. No dejaba de ser una frase bien sonante en tiempo de protestas. En la actualidad nos hemos ido al otro extremo en la educación. Pareciera que el grito actual fuera obligatorio prohibir. O dicho de otra manera, lo de prohibir en la educación está de moda.

¿Prohibido prohibir en la educación es un buen criterio?

Vamos a poner un ejemplo para centrar la discusión. En un centro educativo cercano a la dirección le dio por ir contra el mundo y prohibir la utilización de los teléfonos móviles en el centro. Llenaron los pasillos de cartelitos donde se prohibía (redundantemente) hacer fotografías con los dispositivos móviles. Pero claro, cuando se dedica a prohibir en la educación algo tiene que pensar en los medios que utilizará para hacer efectiva la prohibición. Los cambios de clase y las salidas al patio de los alumnos se convertían en la resurrección de los alienígenas que llevaban en los bolsillos esos proyectos de persona que tenemos por alumnos. ¡Y (según la dirección del centro) esto no se podía permitir!

¿probibir en la educación los móviles de los adolescentes?¿Por qué pasa esto? Seguramente por varias causas entrelazadas. En primer lugar el que prohibe tiene que saber que las prohibiciones son costosas. Hay que vigilar y hay que castigar. Y esto suele conllevar una alto consumo de tiempo y de personal del que no disponemos. Además prohibir costumbres y hábitos sociales necesita de una estrategia educativa muy calculada y pensada. Es más lento pero mucho más efectivo educar a nuestros adolescentes sobre el uso y el mal uso de los teléfonos móviles. Es mejor que sólo prohibir. Por lo tanto podemos anticipar que la dirección del centro prohibió y prohibió pero los alumnos siguienron utilizando los dispositivos con más o menos discreción.

¿Prohibimos muchas veces lo que no conocemos?

Lo mismo sucede con prohibir en la educación todo los que suena a nueva práctica social que tenga que ver con las redes sociales. El desconocimiento de las mismas (la mayoría de los que las prohíben no las han utilizado nunca y no saben cómo funcionan) hace que los intentos de eliminarlas sean de brocha gorda. Se hacen silogismos que acaban siendo realmente falacias. Como nuestros jóvenes pueden ser engañados por pederastas a través de facebook, suprimimos (es decir, prohibimos) el uso de esta red social. Y se quedan tan panchos y tranquilos. Es como si yo dijera como un asesino utiliza el cuchillo de cocina para matar a alguien si suprimimos los cuchillos de cocina no habrá asesinatos. Con el cuchillo utilizamos el sentido común. Lo idea es enseñar a nuestros niños y adolescentes cómo hay que utilizarlo y qué precauciones se deben tomar. Si prohibimos que los toquen ¿tenemos alguna garantía de que nunca los tocarán? Un buen abuelete del pueblo de mi madre mantenía que la solución para acabar con la pornografía era suprimir la venta de revistas y de los kioscos de revistas también. ¿Alguien de de verdad se cree que un alumno no usará facebook sólo porque se lo prohiban? Tendrá que entender cual es la causa de la prohibición. Si no, se hará una cuenta anónima, la utilizará fuera de su casa, con el móvil de un compañero, con el ordenador de una biblioteca, etc.

La mala costumbre de prohibir en la educación tiene que ver mucho con la eclosión de las redes socialesTodas estas prohibiciones vasculan alrededor de la utilización de los dos grandes desconocidos para la generación que somos inmigrantes digitales, internet y como consecuencia del mismo el teléfono móvil y las redes sociales. La actitud que muchos dirigentes educativos tienen es la misma que la avestruz. Escondo mi cabeza, dejo de mirar y ya no existe el problema. Parece mentira que gente que se dedica a la educación no se dé cuenta de que estos problemas se solucionan justamente con más educación. Y para educar tenemos que conocer. Los profesores y padres tenemos que investigar cómo funcionan los móviles, las redes sociales, internet, etc. Sólo así detectaremos los verdaderos peligros y las estrategias verdaderamente útiles para prevenirlos. Claro que muchas veces se puede utilizar el refuerzo negativo de algún comportamiento, pero esto no puede ser lo único que hagamos.

El sentido común al poder

Mi éxito como profesor depende de que mis alumnos utilicen a lo largo del tiempo (especialmente cuando yo no esté delante) los conocimientos aprendidos. De esto trata el proceso de aprendizaje. ¿Quién hará lo que yo digo cuando no esté para castigarlo? Si el castigo o la prohibición es el único elemento, la respuesta es simple, nadie. El conocimiento es muy amigo de la creatividad y ésta no se desarrolla nada con los castigos reiterados.

Nunca prohibir en la educación es la solución fundamental a nada.

Es importante hacernos con una visión global de lo que hoy y ahora es un centro educativo. Tenemos que ser conscientes que internet y los móviles confieren a los alumnos herramientas muy potentes que pueden multiplicar sus posibilidades de información y comunicación exponencialmente. Analicemos, investiguemos, trabajemos para ver cuál es la mejor manera de utilizarlos. Ninguno de nosotros rechazaría ir a consultar la Biblioteca Nacional de este país sólo porque el sistema de ficheros inicial es complicado. Los beneficios de la consulta son muy superiores a las dificultades iniciales de trabajo. Especialmente los profesores de historia sabemos lo que ha costado en todas las civilizaciónes los cambios, especialmente los cambios tecnológicos.  Sólo hace falta aplicar el sentido común. Y es que, además, llevamos aplicando esta idea TODA LA VIDA en las aulas. No prohibas, atrévete a saber. *

*(Fuente Wikipedia) Aunque parezca un eslogan nuevo Sapere aude es una locución latina que significa «atrévete a saber»; también suele interpretarse como «ten el valor de usar tu propia razón». Su divulgación se debe al filósofo Immanuel Kant en su ensayo ¿Qué es la Ilustración?, aunque su uso original se da en la Epístola II de Horacio del Epistularum liber primus: Dimidium facti, qui coepit, habet: sapere aude, / incipe (Quien ha comenzado, ya ha hecho la mitad: atrévete a saber, empieza). Ya veis, la historia nos da recetas para la utilización de las nuevas tecnologías.